Mi frase

No sé, si tenga el talento de escribir o de bailar o de actuar, no lo sé, lo único que no quiero hacer, es no hacer.

jueves 21 de abril de 2011

El constructor del catolicismo en Ferreñafe

- Un padre llamado Francisco dejó huella
Recibió reconocimientto como la investidura de Moseñor
Hace veinte años aproximadamente que la Plaza Central “Manuel Antonio Mesones Muro” de la provincia de Ferreñafe, se vio abarrotada de cientos de creyentes, nunca antes visto en la historia del departamento de Lambayeque, las mujeres lloraban en su alma, y en la Iglesia Santa Lucía, los hombres hacían una tumba para los restos mortales, de quien había dedicado su vida por más de cincuenta años, al servicio del pueblo de Ferreñafe, la triste noticia era que monseñor Gonzales Burga había muerto.

Constructor de Iglesias y Educación
“Caminaba sin detenerse, con el objetivo perenne de obtener recursos para la edificación de capillas, iba de casa en casa tocando la puerta para que le colaboren con una pequeña cantidad de dinero” así lo recuerda Blanca Sialer, allegada de Monseñor. Francisco construyó la Casa Parroquial, Restauró la Iglesia Santa Lucía, construyó la primera capilla de Pueblo Nuevo, entre otras más. Miles de pobladores de Ferreñafe lo recuerdan, no sólo por su caridad por los pobres, sino también por su incansable labor a favor de la educación de su provincia, “La preocupación número uno de Monseñor era la educación, y es por ello que la mayoría de los centros que vemos hasta el momento los hizo él, muchas veces sólo” sostiene Victoria Gonzales Musayón, sobrina de Monseñor. Fue tal el compromiso en este área que entre sus principales obras que continúan hasta hoy en día se puede contar al colegio María Inmaculada, Augusta López Arenas, Colegio Santa Lucía, Instituto Enrique López Albújar y uno que lleva su nombre.

El que más caminó en Ferreñafe
“Quizá fue el hombre que más caminó en Ferreñafe” es una frase que repiten a cada momento su sobrina Olga Musayón, y una de sus más allegadas amigas de Monseñor, la señorita Libia Gómez, quienes se aferran a esta idea, pues dicen que desde 1935, fecha en la que toma posesión de la Parroquia de Ferreñafe, su labor pastoral de franciscano inició inmediatamente. Muchos lo recuerdan justamente porque ha sido el único sacerdote que acompañaba rezando a las personas fallecidas en su Féretro desde la Iglesia hasta que lo sepultaban en su nicho.

La Revolución por su muerte
“Era un 27 de noviembre (1990) alrededor de las diez y media de la mañana, había terminado de oficiar la misa de la Virgen de la Medalla Milagrosa, que tanto amaba, cuando 15 minutos después Monseñor expiraba, mientras la imagen de la Virgen en Procesión pasaba frente a la casa Parroquial donde él se encontraba” así describe su muerte Libia Gómez, quien junto a su sobrinas y un grupo de catequistas socorrieron en 1990 a Francisco, pero la hora había llegado, los ojos cansados de monseñor se cerraban para siempre, víctima de un paro cardiaco, quizá por la deshidratación que presentaba desde hace tiempo. La revolución empezó pues, al enterarse todo el pueblo de su muerte, este pedía que lo debían enterrar en la Iglesia, pedido que duró un par de días pues el pueblo hizo que monseñor Ignacio María de Orbegozo,  Obispo de aquel entonces aceptara el pedido, ya que algunos hombres habían ingresado al atrio de la Iglesia a cavar su tumba. Las colas eran interminables, para poder ver por última vez su cuerpo, todos lloraban grandes, chicos, hombres, mujeres, y en sus despedida se congregaron miles de fieles y amigos.

Monseñor, un padre entregado al servicio de su gente
Francisco Gonzales Burga nació el 23 de abril de 1908 en el distrito de Chongoyape, a 60km de la ciudad de Chiclayo. Estudió en el Colegio Nacional San José de Chiclayo. El ocho de Enero de 1933, viste los hábitos en la Iglesia Santo Domingo de Lima. En 1935, toma posesión de la parroquia Santa Lucía, a la muerte del padre José María Tejada. En 1958 en honor a su gran labor pastoral se le dio la distinción de Monseñor Camarero Secreto de Pio XII y Pablo VI.

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